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SIGUIENDO LAS HUELLAS DE RAMÓN

Ramón Medina Arce, nació en la localidad Sevillana de Osuna (España) , el 26 de Agosto de 1992, vivió y testimonió una vida llena de alegría, de simpatía, de plena y auténtica amistad y muy especialmente de entrega a los demás, en particular a los más pobres: los mendigos habituales o peregrinos que ocupaban el centro de Osuna.

Nadie puede olvidar su presencia diaria en la Calle Carrera, dónde vivía, saludando y hablando con todos sin distinción alguna, e incitando a los numerosos transeúntes a colaborar con sus amigos los más necesitados; así no es difícil recordarle sentado en la acera con su amigo anónimo, inválido de una pierna o vendiendo las cruces artesanales de quién se sentaba en la puerta de la plaza de abastos, o hablando con los más habituales: Manuel, Antonio, Floro .... , según todos "No hubo Lazarillo más eficaz".

Sus anécdotas simpáticas y traviesas, pero llenas de amor y autenticidad, eran relatadas por los comerciantes de su calle que habitual y diariamente visitaba y que se trasmitían al resto de un pueblo, que coincidían en su opinión: hechos excepcionales para su edad y la veracidad de sus sentimientos. Algunas de ellas han sido transcritas a comentarios, artículos y libros posteriormente editados.

El anonimato no existía para él, todo hombre tenía su nombre y sitio en su corazón, sorprendía como con 8 años, podía conocer a un pueblo, y éste conocerlo a él. Pero su forma de vida tampoco pasaba inadvertida en ningún lugar ni circunstancia, siendo conocido su nombre de pila por todos. Basta recordar su entrada todos los domingos en un estadio de fútbol, dónde tradicionalmente acude su familia, para oír el saludo personal y nominado que recibía de todos (desde el portero de la N°1 hasta el vendedor de refrescos. ¡Ramón¡ ¿Ganamos hoy?

Pero su mejor testimonio fue el amor al prójimo desconocido, no puede pasar inadvertida su conducta anual de entregar su hucha cuantiosa en la Jornada contra el hambre en el mundo, o cuando denominaba mis hermanitos de África a los apadrinados, o las miradas y palabras de ánimo a los niños enfermos que lo acompañaron en sus últimos días.

Tu tranquilidad, Felicidad y Alegría, por haber amado a todos, originó tu mejor testamento: "Dejarnos el momento de la reflexión" .

 

Sin dolor no hay reflexión
Sin reflexión no hay verdad
y su máxima expresión es
La pérdida de tu único hijo.

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